Semidesnudos los monos continuaban danzando sobre el techo rojizo del enorme palacio. Lucían faldas anchas y cortas y dos de ellos hacían girar en sus cuellos collares de cuentas multicolores. En la plaza, un niño se había escapado de la mano de su abuelo para recoger una hoja dorada que le esperaba sobre el césped. Se agachó, tomó el vegetal con sus frágiles dedos y al levantar la mirada el impacto de la escena le hizo estrujar el indefenso objeto. El ruido, al parecer, detuvo la música simiesca. Todos, los cinco monos, se paralizaron y en un solo movimineto, desaparecieron sobre las singulares curvas del techo del palacio.
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Las gárgolas de Tien Amen
Hoy me di cuenta…
Yendo durante tanto tiempo al cine, no deja de asombrarme la pésima puntería que tienen los malos de la película.
El Primer Viaje de Neil
Era mucho el cansancio como para desamarrar sus zapatillas. Miró sin mirar los matorrales del patio y se tumbó sobre la hamaca. Sin darse cuenta, sus ojos estaban cerrados.
Faena dura es limpiar la porqueriza.
Fuera de toda sospecha, en silencio y con sigilo se le aproximaron. Aún siendo de tarde, eran ladrones en la noche. Armados hasta los dientes, con sonrisas malvadas y babosas ya sentían de cerca la jadante respiración de su víctima. De repente…los paralizó el sonido de unos pesados pasos y uno de ellos acertó al identificar las pisadas: “es el astronauta, cree que cayó en la luna…!psss! Esperemos que pase”, dijo.
Pasó el astronauta y los dos mosquitos se abalanzaron sobre la muchacha.
Historia de una maleta

Esta es la historia corta de la Maleta de Mendive.
Kiko Mendive, pionero junto a Pérez Prado, del famoso Mambo cubano visitó la República Dominicana a finales de los 50. Participó en una de las tantas Semanas Aniversario de la Voz Dominicana, quedándose durante unas semanas en el país bajo contrato de mi padrino y tío político Don Horacio Pérez.
Mendive viajó con su esposa Zafra, quien era su pareja en las presentaciones de canto, música y baile tropical que ejecutaban de una manera muy singular. Me cuenta mi madre que después de cada show Kiko y Zafra compartian con ella, mi padre y mis tíos en casa de mis abuelos. Disfrutaban de los tragos, la música y de vez en cuando del baile. Así conoció mi familia a los Mendive.
Llegó el tiempo de partir y al parecer era mucho el equipaje (unas diez maletas) y Mendive dejó en casa de mis abuelos, dos maletas de color marrón con abrazaderas de cuero.
Recuerdo que descubrí las maletas un día que alguien, no recuerdo quien, buscaba alguna herramienta en el armario de cartón piedra construido por mi abuelo Pichí.Nunca olvidaré la respuesta de mi madre al preguntarle de quien eran esas maletas.
- “No le pongan la mano a eso, esas son las maletas de Kiko Mendive”.
Las maletas de Mendive duraron unos años, interminables para mi, que al insistir recibía siempre la misma respuesta: “No le pongan la mano a eso, esas son las maletas de Kiko Mendive”.
Finalmente, las maletas fueron abiertas durante la guerra civil de 1965.
La voz del pueblo